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el periodico de saltillo

Febrero 2018

Edición No. 348


Reyes

Rufino Rodríguez Garza.

Reyes es el nombre de una señora que vive en la comunidad de Nacapa, la cual es una antigua hacienda ubicada del norte de México, para ser más exactos está localizada en la parte norte del municipio de Ramos Arizpe.

La vocación de esta comunidad fue la ganadería. De aquellos antiguos esplendores se conserva una parte de lo que fue el casco de la hacienda y una batería de casas donde moraban los trabajadores.

Desconozco quienes fueron los dueños originales, pero al término de la Revolución fue fraccionada y ahora hay un ejido con el nombre de Nuevo Nacapa y la otra parte fue dividida también quedando la misma en manos de particulares.

Esta parte fue lotificada y es aquí donde vive esta amable señora que a sus casi ochenta años ayuda en las tareas de la casa y colabora con su esposo Beto Cano en el manejo de un pequeño atajo de cabras. Cano son las otras familias que habitan este rancho. No hace mucho, unos seis meses les llegó la vida moderna a su casa pues se les hizo el tendido de postes y hoy gozan de la electricidad. No se crea que gratuitamente, cada conexión tiene su medidor y cada dos meses les llega el fatídico recibo, algunos muy abultados para los escasos enseres con que cuentan: focos y algún radio; sin abanico, televisor o refrigerador, pero eso si los recibos altos, como si tuvieran todo aquello.

Ahora es más fácil llegar a Nacapa, sólo hay que seguir la línea de postes sin riesgo de perderse. Les llegó la modernidad. Reyes tiene asma y aun así ayuda a su marido en el cuidado de las cabras. Viven solos ellos dos pues los hijos se fueron y ahora son empleados de las fábricas en Ramos Arizpe.

Nacapa desde la antigüedad tuvo su importancia, el hombre que habitó estas áridas tierras vivió recolectando los frutos de la tierra o cazando aves, venados y otras especies menores, para el sustento diario.

Nacapa tiene unos cerros que enmarcan el valle y en sus grandes rocas nos dejaron grabados y algunas modestas pinturas. En los alrededores de esta comunidad hay extensos valles donde se da el mezquite en grandes cantidades y que los nativos supieron aprovechar debidamente. Vale la pena destacar que los indios vivieron en armonía y un justo equilibrio con su entorno, que no abusaron de la naturaleza; por eso, por la cantidad de mezquites.

Localizamos una roca con 13 morteros donde se molió el fruto, haciendo harina, que mezclado con tunas deshidratadas y molidas constituyó un alimento nutritivo y duradero. En una pequeña área se contabilizaron más de 40 morteros.

Marzo será todo un espectáculo pues es el tiempo de inicio de la primavera, en que las flores de palma adornan el desierto, pero que también sirve de alimento al hombre, aún hoy en día, pero también a las aves y otros animales.

Nacapa, junto con el Pelillal es toda una zona arqueológica en la que abundan los grabados, esas raras manifestaciones de los naturales de lo que ahora es Coahuila o norte de México. Basta caminar por la falda de los cerros para toparse con cientos de petroglifos.

El agua ahora tan escasa, se estancaba en las represas naturales donde el antiguo habitante podía ayudarse cazando pero también pescando. Actualmente tienen una enorme presa que fue reforzada con rocas y que sólo sirve para que el escaso ganado allí abreve.

En algunas áreas de este sitio es frecuente encontrar peyote, esa planta sagrada que fue muy usada por los jefes y chamanes para sus curaciones, pero también para alterar el estado de conciencia y poder comunicarse con sus dioses y pedir por la salud y la buena cacería, también para tratar de convencer a los entes superiores para que la lluvia no faltara y llenara los arroyos y las tinajas con el preciado líquido.

Entre los grabados podemos observar armas: proyectiles, lanzas, propulsores; otros que hacen referencia a la fauna, como el venado que fue suficientemente representado pues se le grabaron sus huellas y sus altivas cornamentas. Se cree que al igual que el peyote el venado fue ampliamente reverenciado, es relativamente fácil encontrar astas diminutas o viceversa de grandes proporciones.

Se observan símbolos que marcaban territorios como el "hongo", o los símbolos de orientación representadas con una cruz encerrada en un círculo y que les indicaba los puntos cardinales. Otra manifestación afín es la de las cuentas a base de puntos que seguramente se relacionaban con el mapeo del cielo o la bóveda celeste con todo y sus estrellas, el paso de los astros y los más antiguos calendarios.

En Nacapa vemos en los grabados repetidamente la figura humana muy estilizada, en las cuales el hombre se autorretrataba. En algunos casos se le pueden ver los dedos de las extremidades o la más de las veces el órgano sexual masculino. De la mujer sólo se representó dibujando la vulva.

Ir a Nacapa es llegar a conocer parte de ese pasado que se nos está acabando. Las nuevas carreteras acercan a los citadinos y éstos maltratan los vestigios rayándolos o llevándose recuerdos. De la lítica (flechas, raspadores, cuentas, etc.) mejor ni hablamos. Quedan las chimeneas que subsisten el paso del tiempo pero ahora que se abren tierras al cultivo, también se perderán.

La señora Reyes arrastrando sus años y sus enfermedades, es muda testigo de los esporádicos visitantes y del mundo cambiante que llega a su puerta; la vida sigue y mientras tanto tiene que continuar con la faena del día, pues Beto está por regresar con el hato de chivos y hay que dar el bastimento a su marido y agua para beber a los cuadrúpedos.

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